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Antonio de Pereda. El sueño de un caballero, 1650
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid
Este cuadro forma parte del género de las “vanitas”, que adquirió gran popularidad en la España del siglo XVII.
En la cultura barroca española, el sueño aparece con frecuencia como una metáfora de la confusión entre lo real y lo imaginario, dos mundos que a menudo están conectados.
¿Qué vemos? Un caballero duerme mientras un ángel le revela la naturaleza efímera y perecedera de los placeres, las riquezas y la gloria.
Sobre la mesa un conjunto de objetos repletos de significados alegóricos: la calavera remite a la muerte, los naipes al azar y lo impredecible de la vida, las flores marchitas son el símbolo de lo efímero y la vela que se consume y el reloj representan la fugacidad de la existencia. Se completa con símbolos de la riqueza y el poder como monedas y joyas, una corona de laurel, una armadura, una pistola, un cetro y una mitra papal.
Hay que fijarse bien para ver el delicado retrato de una mujer que cierra el conjunto. Y es que el amor no se salva de la muerte. Un placer que, también, es perecedero y tiene final.
Cada objeto ha sido pintado con un detalle exquisito, subrayando la vanidad del mundo. Aunque esta obra maestra del arte Barroco nos invita a meditar sobre lo transitorio de la existencia, es inevitable dejarnos llevar por el presente y deleitarnos con orgullo en la belleza efímera de esta pintura que tanto placer nos brinda.