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Pieter Bruegel el Viejo. El vino de la fiesta de San Martín, hacia 1565-1568
Museo Nacional del Prado, Madrid
Un banquete popular o una fiesta religiosa. ¡Qué más da! Cualquier excusa es buena para beber. Eso debió pensar Bruegel al pintar esta escena enloquecida.
En esta sarga se representa la fiesta del vino de San Martín que se celebraba en Flandes y en los países germánicos el 11 de noviembre, día de la festividad del Santo. La coincidencia con el fin de la vendimia, en pleno otoño, asociaba esta celebración con una distribución de vino al pueblo que tenía lugar fuera de las puertas de la ciudad.
Pese a la presencia de San Martín a la derecha de la pintura, no es un cuadro religioso ni una obra de devoción. Lo que centra la representación es la celebración de la fiesta, preludio del carnaval en los meses de invierno. La humanidad se deja llevar por la gula. Una especie de torre de babel de bebedores de toda condición.
Y en medio de este tumulto, un fraile aprovecha el despiste de una madre para robarle la cartera delante del espectador. Una crítica mordaz a todos los estamentos de la sociedad. ¡Nadie se salva!