20/02_Día internacional del Gato
Takahashi Hiroaki. Gato negro y tomatera, 1931.
The Museum of Fine Arts, Houston.
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Takahashi Hiroaki. Gato negro y tomatera, 1931.
The Museum of Fine Arts, Houston.
El amor de Haruki Murakami por los gatos es bien conocido entre sus lectores.
No solo comparte su vida con ellos, sino que también los incorpora frecuentemente en sus novelas. Sin embargo, su pasión felina no se detiene ahí. En 1974, junto a su esposa, inauguró el bar de jazz “Peter Cat”, en honor a uno de sus gatos favoritos. Este gato, que solía vivir con ellos en Tokio, fue llevado a casa de un amigo en el campo para evitarle el estrés de la ciudad.
Un periodista le preguntó por la importancia que daba a los gatos en sus novelas y cuentos, a lo que Murakami respondió: “Será porque los gatos me gustan. Siempre he tenido gatos, desde pequeño. Ignoro si hay otra razón”.
“Pero en realidad aquél era el pueblo de los gatos. Cuando el sol se ponía, numerosos gatos atravesaban el puente de piedra y acudían a la ciudad. Gatos de diferentes tamaños y diferentes especies. Aunque más grandes que un gato normal, seguían siendo gatos. Sorprendido al ver aquello, el joven subió deprisa al campanario que había en medio del pueblo y se escondió. Como si fuera algo rutinario, los gatos abrieron las persianas de las tiendas, o se sentaron delante de los escritorios del ayuntamiento, y cada uno empezó su trabajo. Al cabo de un rato, un grupo aún más numeroso de gatos atravesó el puente y fue a la ciudad. Unos entraban en los comercios y hacían la compra, iban al ayuntamiento y despachaban papeleo burocrático o comían en el restaurante del hotel. Otros bebían cerveza en las tabernas y cantaban alegres canciones gatunas. Unos tocaban el acordeón y otros bailaban al compás. Al poseer visión nocturna, apenas necesitaban luz, pero gracias a que aquella noche la luna llena iluminaba hasta el último rincón del pueblo, el joven pudo observarlo todo desde lo alto del campanario. Cerca del amanecer, los gatos cerraron las tiendas, ultimaron sus respectivos trabajos y ocupaciones y fueron regresando a su lugar de origen atravesando el puente”.
Haruki Murakami. El pueblo de los gatos